La verdad es que somos los arquitectos de nuestro propio destino

La verdad es que tenemos más poder del que nos damos crédito, más voz sobre nuestras vidas de lo que creemos.

No estamos destinados a quedarnos de brazos cruzados y aceptar lo que nos sucede, o el tipo de persona en que nos convertimos. Podemos elegir.

Claro, no podemos controlar todo y apestamos a la hora de predecir el futuro, pero eso no significa que seamos impotentes.





Muchas cosas están bajo nuestro control, muchas cosas pueden hacerse más probables, aunque nunca seguras.

La verdad es que somos sacos de carne defectuosos coronados por una imaginación hiperactiva, pero aunque SOMOS defectuosos, NO somos nuestros defectos.



Podemos trabajar en nosotros mismos, podemos esforzarnos por crecer y ser mejores, podemos forjar un camino de nuestra elección, no hacia un destino en particular, sino uno donde el viaje esté agraciado con excelentes vistas y una compañía aún mejor.

Y sin embargo, en su mayor parte, olvidamos este poder nuestro y caemos en un patrón de existencia habitual en el que pasan días, meses y años sin muchos cambios en nuestras vidas.

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Renunciamos a nuestro agarre en el volante de la vida y nos dejamos llevar sin rumbo fijo por cualquier camino que tengamos frente a nosotros.



La verdad es que no hay vergüenza en eso. Ninguno de nosotros debería sentir la presión de vivir un tipo de vida en particular, haciendo cosas específicas, creciendo de manera muy precisa.

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Pero tampoco deberíamos sentirnos avergonzados de querer crecer y desarrollarnos y evolucionar hacia algo, alguien diferente a lo que somos ahora.

Todos tenemos dentro de nosotros el poder cambiar de manera objetivamente positiva, deshacernos de hábitos poco saludables, deshacernos de mentalidades tóxicas y poner fin a las relaciones dañinas.

La elección es nuestra y cada uno de nosotros debe sopesar los pros y los contras antes de decidir qué curso de acción es el correcto.

La verdad es que todos hemos crecido en circunstancias únicas con una genética única y una crianza que solo nosotros hemos experimentado.

Todos tenemos cicatrices de nuestro pasado, pero algunas son más profundas que otras. Todos tenemos recuerdos maravillosos, pero algunos tienen menos que otros.

Es posible que no nos sintamos preparados para embarcarnos en un viaje que requerirá gran parte de nuestra fuerza y ​​coraje, y eso está bien.

Pero si nos sentimos preparados, no hay mejor momento para lanzarnos desde el muelle de hoy y navegar hacia el futuro del mañana.

Podemos decidir qué tipo de mañana nos gustaría ver, qué cambios nos gustaría hacer en nuestras vidas. Ya sea que se trate de una mayor libertad de tiempo, más seguridad financiera, mejores relaciones, podemos aspirar a lograrlo e intentar que suceda.

La verdad es que fallaremos de vez en cuando. Ningún plan sale bien. Enfrentaremos luchas y tendremos que superar obstáculos si queremos acercarnos poco a poco a nuestro objetivo.

Y cuando fallamos, se necesitará cada gramo de nuestra resistencia y determinación para levantarnos, desempolvarnos y volver a intentarlo.

Pero ningún cambio es fácil. Cuando la oruga se convierte en mariposa, la metamorfosis consume casi toda la energía que tiene la oruga, por no mencionar mucho tiempo.

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Entonces, cuando buscamos transformarnos en una verdadera mariposa de nuestra propia creación, debemos estar preparados para superar los tiempos difíciles a fin de extender nuestras alas en nuestras nuevas vidas.

La verdad es que muchos de nosotros tenemos miedo de lo que pueda suceder si intentamos mejorar nuestras vidas.

Independientemente de las circunstancias en las que nos encontremos actualmente, es reconfortante saber lo que sabemos. Puede que no siempre sea agradable, pero estamos familiarizados con él.

Y romper con lo que sabemos es confrontar lo que no sabemos. Es atravesar una puerta sin saber qué hay del otro lado. Claro, podemos tener alguna idea porque estamos forjando una vida de nuestra propia elección, pero nunca sabemos exactamente cómo será o qué esperar.

Y sí, eso da miedo. Y para superar ese miedo, debemos preguntarnos qué es más abrumador: crecer y cambiar para mejor en un mundo que es nuevo para nosotros, o permanecer firmemente donde estamos en la comodidad de nuestra incomodidad.

La verdad es que sabemos cuándo estamos listos. Escuchamos la voz molesta desde lo más profundo de nuestro interior que nos dice que algo debe cambiar.

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Al principio podemos pensar que estamos locos, que las cosas están bien como están. Pero el mensaje es implacable y empezamos a darnos cuenta de que lejos de ser una locura, es quizás el pensamiento más racional y lúcido que jamás hayamos tenido.

Y entonces emprendemos nuestro viaje, damos el primer paso, miramos hacia algún lugar lejano en la distancia, algún punto de ruta que buscamos alcanzar.

Con cada paso que damos, nuestra fe en nosotros mismos crece y nuestro deseo de seguir avanzando se convierte en un impulso imparable.

La verdad es que el viaje nunca termina. No hay ningún tipo de nirvana donde podamos descansar y decir '¡hemos llegado!'

Solo queda el siguiente paso en un viaje que tomará el resto de nuestras vidas. Pero eso nos emociona porque una vez que hemos visto el poder que tenemos sobre nuestro propio destino, disfrutamos de los desafíos que enfrentamos con cada vez más entusiasmo.

Eso no quiere decir que no nos detengamos a disfrutar mientras viajamos. De hecho, es todo lo contrario. Entre los pasos, experimentamos la satisfacción en el momento presente como nunca antes. Vemos el progreso que hemos logrado, vemos lo que aún queda por delante, pero estamos en paz con el lugar al que llamamos hogar, aquí y ahora.

Por paradójico que parezca, encontramos la felicidad en el hoy sabiendo que mañana daremos un paso más y luego otro. Nuestro viaje, donde sea que nos lleve, es solo una serie de hoy, cada uno más satisfactorio que el anterior.

La verdad es que somos los arquitectos de nuestro propio destino. Trabajamos en un plan en constante cambio y expansión en el que podemos, cuando estemos listos, diseñarnos una vida feliz y plena.

La verdad es que ... la vida es nuestra para hacerla. Así que sal y hazlo.

siento que no pertenezco aquí